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LA VERDAD SOBRE
TRANSPARENCY
INTERNATIONAL
El negocio de la
"anticorrupción" que tanto humilla a los argentinos
Por Enrique Oliva
(Franςois
Lepot)
La operación
montada el miércoles 28 de agosto por Transparency
International en colaboración con la Fundación Poder
Ciudadano, ha provocado un gran impacto emocional y de
disgusto ante tantos agravios. La desinformación reinante,
estimulando audaces tendencias minoritarias pero peligrosas,
se orienta a la desmoralización de los argentinos y al
descuido del patriotismo, cuando la corrupción es condenada
en forma generalizada y se pide castigo a los responsables por
vía judicial. Pero TI culpa a "toda la sociedad".
Por ello no faltan algunos incautos que toleran escuchar que
hemos dejado de ser una nación, que nadie se salva de ser
considerado corrupto e incapaz y que las soluciones podrían
llegar hasta pagando la deuda con territorio o privatizando la
administración económica poniéndola en manos de extranjeros
"decentes". Esto requiere una reacción de las
conciencias nacionales, comenzando por conocer el origen y las
intenciones últimas de los poderes que financian a Transparency
International.
Sorprende que
en nuestra selva de "comunicadores", ni en fuentes
gubernamentales, nadie haya recordado lo publicado por Andrés
Oppenheimer, el conocidísimo periodista argentino
residente en Estados Unidos quien escribe para medios de
nuestro país. En su muy difundido libro "Ojos
Vendados", desmenuza la credibilidad y corrupta
orientación de Transparency International. El
subtítulo de la obra editada en Buenos Aires en marzo del
2001 por Sudamericana es llamativo: "Estados Unidos y el
negocio de la corrupción en América Latina". Es una
obra muy comprada pero parece poco leída.
Es de
recomendar la interesante lectura del prólogo del libro de Oppenheimer,
aunque sean las páginas de texto iniciales que van de la 7 a
la 19. Nada más. Allí se ve cómo valientemente describe a Transparency
International. Explica y prueba que está financiada por
grandes multinacionales norteamericanas, europeas y
asiáticas. Además da nombres de algunos de esos
"benefactores" de la decencia, entre los que vemos
ciertas firmas afincadas en la Argentina, una de ellas IBM.
(Recordar los escándalos de esta empresa con Banco
Nación, DGI y otros similares en varias provincias, cuyas
investigaciones sabe Dios cómo andarán).
En pocas
páginas el autor ridiculiza y desenmascara a Transparency
International, evangelizadora de la anticorrupción y
presentada como ONG (organización no gubernamental). No tiene
desperdicios. Vayan algunos datos.
Cuenta Oppenheimer
que asistió al Foro Global para la Lucha contra la
corrupción", convocado y presidido por el vicepresidente
Al Gore y realizado en el mismísimo Departamento de
Estado en 1999. Entre los 1.000 invitados al evento, figuraban
Jorge "Tutto" Quiroga Ramírez, entonces
vicepresidente de Bolivia, quien con justa indignación ya
había reaccionado cuando Transparency International
calificó a su país como "el segundo más corrupto del
mundo", pero sus razones y propuestas cayeron en el
vacío.
Otro invitado
asistente fue el entonces vicepresidente argentino Carlos
Ruckauf, quien provocó un escándalo mayúsculo.
Desconcertó a todos los presentes, incluyendo a Gore,
mientras algunos pidieron aclaración a los traductores
simultáneos porque no podían creer lo que habían escuchado,
aunque nadie se dio por enterado. Según Oppenheimer,
Ruckauf dijo que había llegado el momento de "dejar
atrás los tiempos en que los presidentes de los Estados
Unidos pensaban que los gobernantes corruptos de países
amigos eran hijos de puta, pero nuestros hijos de puta".
Luego el autor consigna que el argentino agregó: "Es
cierto que existen funcionarios oficiales que aceptan
sobornos; pero también es cierto que hay ejecutivos que los
pagan...Está muy bien exigir que los países del Sur combatan
la corrupción. Pero los países del Norte también tienen que
hacer algo con aquellos que pagan sobornos". Y
Oppenheimer comenta: "Gore y Albright (la
Secretaria de Estado) se cruzaron una mirada, entre
interesados e intrigados por lo que acabaron de
escuchar".
Poco después Quiroga
Ramírez lanzó una bomba. Según Oppenheimer,
"dirigiendo (el boliviano) su mirada hacia el entonces
vicepresidente norteamericano sugirió que Transperency
International diera un paso más allá de su índice de
países corruptos". Y atribuye a Quiroga:
"Quisiera ver que Transparency International hiciera
también un ranking de empresas multinacionales corruptas:
Existe una lista de países, pero no una lista de
empresas". Y agrega el autor: "Gore, que
presidía el debate, pareció sorprendido por la idea.
¿Había algún representante de Transparency International en
la sala?, preguntó. ¿Podría alguien del grupo contestar la
inquietud del vicepresidente boliviano?, volvió a preguntar,
mirando hacia uno y otro lado del salón. Jeremy Pope,
director ejecutivo de Transparency International, estaba
fuera de la sala en ese momento. Ante el silencio de los
presentes, Gore dijo: "Creo que se trata de una
sugerencia excelente". Luego agregó: "Quizás haya
una razón práctica para no hacerlo; pero si Transparency
International no lo hace, quizás alguna otra organización
pudiera hacerse cargo del proyecto’".
Y Oppenheimer
resume: "El Foro Global prácticamente no volvió
a mencionar el rol de los países ricos y sus multinacionales
en el combate a la corrupción. Al cierre de la conferencia,
la declaración final del Foro Global se refirió
exclusivamente a la corrupción gubernamental...Al día
siguiente, ni The Washington Post ni ningún otro
periódico norteamericano de importancia mencionaron el breve
intercambio de opiniones sobre el rol del sector privado en la
lucha contra la corrupción, Así fue como las sugerencias de Ruckauf
y Quiroga quedaron enterradas entre los cientos de
proyectos de estudio dejados para futuras reuniones. Como
dicen en Méjico, se le dio "un carpetazo" al
asunto".
Los financistas
de Transparency International
Oppenheimer
escribe que meses después, bajo presiones, Transperency
International "publicó un índice de corrupción en
el sector privado, pero se trató de un proyecto tímido e
insulso. La lista no mencionaba empresas por su nombre, sino
los sectores en que se desempeñaban y los países que más
tendían a protegerlas. En ranking estaba basado en una
encuesta Gallup de 770 ejecutivos de empresa, abogados,
contadores y banqueros de 14 países y mostraba que las
empresas de construcción y los exportadores de armas tendían
a ser las más propensas a sobornar funcionarios
gubernamentales, seguidas por las empresas petroleras".
"Me
pregunto también –dice el autor de "Ojos
Vendados"- si las donaciones a Transparency International
tuvieron algo que ver con la decisión del grupo de no hacer
un índice de empresas corruptas. Si bien Transparency
International a nivel mundial está financiada en gran medida
con fondos de desarrollo de los gobiernos norteamericanos y
europeos, la sucursal de Estados Unidos del grupo depende en
gran parte de donaciones
de Exxon, General Electric, IBM, General Motors, Lockheed
Martín, Honeywell, Merck, Motorola, Pfizer y Westinghouse,
según puede observarse en su página de Internet".
Como resultado
de más de 300 entrevistas realizadas en 5 países por
Oppenheimer, dice: "Muchos me dijeron que sería injusto
concentrarse en las multinacionales norteamericanas, porque
tienden a ser mucho más limpias que sus contrapartes europeas
o asiáticas. Muchos empresarios latinoamericanos me dijeron
lo mismo. Mi respuesta a todos ellos fue la misma:
"Tienen razón". La única causa por la que decidí
escribir sobre firmas norteamericanas como Citibank o IBM
era porque, al estar sujetas a las leyes antisoborno o
antilavado de dinero, su rol en los escándalos de corrupción
en América Latina había sido investigado por las agencias de
gobierno de Estados Unidos, y por lo tanto había más
información disponible sobre ellas".
Ante unas
divagaciones de un burócrata del FMI, un economista
llamado Paolo Mauro, economista del FMI, Oppenheimer
opina: "Si se tomaran en cuenta estos factores, los
estudios de Mauro serían ampliamente superados por el
análisis de un sindicalista argentino que, sin haber
realizado los sesudos cálculos de los economistas del FMI,
llegó a la conclusión de que ‘este país se arreglaría si
todos dejamos de robar por dos años’".
Sería bueno
que se hiciera realidad la esperanza de Oppenheimer
sobre un importante mejoramiento de la conducta en materia de
corrupción de Estados Unidos, el "país que lleva
la delantera en la lucha anticorrupción". Y menos aún
en Europa, donde en muchos estados es legal
contabilizar las coimas como "gastos de
negociación" y se descuentan de impuestos. En Gran
Bretaña –más claros- figuraban en los balances de los
ferrocarriles cuando eran ingleses como "fondo de
reptiles", según lo probara Raúl
Scalabrini Ortíz.
Transparency
International en la Argentina
El pasado
miércoles 28 de agosto de este 2002, los argentinos asistimos
a un festival del descaro y la intriga que no puede ocultar su
real contenido de operación en apoyo de las grandes
multinacionales (incluidas las financieras), coincidentes con
los insultantes manejos contra la soberanía e identidad
argentina por parte del FMI. La puesta en escena estuvo
a cargo de la Fundación Poder Ciudadano presidida por
el doctor Luis Moreno Ocampo, y también en su
carácter de principal personero de Transparency
International para América Latina y Caribe. Los
millonarios recursos nada santos con que cuenta TI con sede
central en Berlín, dan para todo, a través de una
burocracia bien pagada. No faltó un solo medio que no
destacara las barbaridades que allí se dijeron contra nuestro
país. Y ya se habla en los mentideros políticos sobre
ofertas a Moreno Ocampo para integrar una fórmula
presidencial.
Peter Eigen,
con larga actuación como burócrata del Banco Mundial,
es ahora presidente de Transparency International, que
cofundó en 1993 con Jeremy Pope, otro burócrata con
adecuada experiencia trabajando por años en el Secretariado
del Commonwealth. Eigen, encontrándose en
Sudáfrica donde asistía a la cumbre de las Naciones Unidas,
se refirió desde allí a la Argentina, y según el diario
"La Nación" del pasado 29 (en base a cables
de EFE y Reuter), "sugirió que el poder está en
manos de un grupo mafioso". El mismo diario también
informa que Eigan lanzó un alerta: "En diversos
países de América del Sur, las irregularidades y el mal
gobierno de las elites políticas han destruido la confianza
en las estructuras democráticas". Evidentemente, esa
opinión permite pensar en un aliento a los golpistas con
quienes siempre se entendieron los países ricos y las
multinacionales. También sirve para apoyar las discusiones en
contra del gobierno argentino con la banca internacional (que
no paga a los ahorristas y aun pretende
"compensaciones") y las multinacionales
privatizadoras en busca de renegociar una vez más condiciones
contractuales para subir sus ganancias con insólitos aumentos
de tarifas.
En esta
agresiva operación imperial, juega un importante rol el FMI
ente que dos días después lanza nuevos agravios a Argentina
y anuncia la postergación de un acuerdo. Una verdadera burla.
Por medio de "La
Nueva Provincia" del 29 de agosto, se han conocido
algunas declaraciones del mediático Moreno Ocampo,
quien dijo que "El estado argentino está capturado por
una red de dirigentes que lo tienen al servicio de sus
negocios y de sus intereses políticos...El nivel de
corrupción de la Argentina empeoró durante la gestión de De
la Rúa, que fue elegido para enfrentar la corrupción que
se atribuye a la gestión del doctor Menem". Por
su parte, el vicepresidente de Poder Ciudadano Mario
Rejtman Farah sentenció: "El proceso de corrupción
es mucho más profundo y más sostenido y en realidad, no es
patrimonio de un gobierno sino de la sociedad, que desvía
fondos públicos, que no genera empresarios que estén
capacitados a sumarse al proceso de legalidad, que no suma
masa crítica para mejorar estos valores, la falta de
controles, la falta de justicia y de sanciones
adecuadas".
¿Quién es
Andrés Oppenheimer?
Han pasado más
de cinco meses desde que Andrés Oppenheimer presentó
su libro en la Argentina e internacionalmente, y nadie lo ha
procesado por los conceptos fuertes que publica en "Ojos
Vendados". Luego, poco riesgoso pensar que no mintió.
Pero sus más importantes verdades no merecieron la adecuada
atención de opinólogos ni medios. Sin embargo, una revisión
rápida de su trayectoria puede servir para no catalogarlo
erróneamente. Algunos datos aportan las solapas y contratapa
de su libro.
Oppenheimer
no es un improvisado. Lo acreditan sus estudios universitarios
de posgrado, sus libros best-sellers, su labor
como profesor y conferencista, y sus trabajos editoriales en
Miami que reproducen semanalmente más de 40 diarios de
distintos países, lo han hecho reconocer por la revista Forbes
(famoso medio del capitalismo exitoso) como "uno de los
periodistas más influyentes de Estados Unidos".
También se ha
hecho acreedor a los más codiciados premios de prensa
norteamericanos: El Pullitzer y el Maria Mors Cabot.
España le acordó el galardón Ortega y Gasset.
En su larga
lucha contra la corrupción a todos los niveles, cabe destacar
el valeroso gesto de jugar en ello su prestigio (para eso
sirven los prestigios, para jugarlos en las grandes causas). Y
también correr el riesgo de sanciones de las grandes
multinacionales que gobiernan la globalización.
Eso si,
acompaña algunas políticas muy duras de los Estados
Unidos, como lo demuestra en su libro "La hora
final de Castro" y en frecuentes artículos con su
firma en "The Miami Herald". Es decir, no se
trata de un agitador comunista sino todo lo contrario.
Todo estos
reconocimientos no deben entenderse como una total identidad
con el pensamiento de Oppenheimer. En página 9, pese a
lo que escribe en "Ojos Vendados", dice algo
incomprensible: "Tampoco debería interpretarse este
libro como un ataque a las corporaciones multinacionales. Por
el contrario, creo que las multinacionales son beneficiosas
para América Latina, por razones que van mucho más allá
esgrimidas, como la creación de fuentes de trabajo y la mayor
competitividad. Me adhiero a la respuesta de George
McGovern, el candidato demócrata de las elecciones
presidenciales norteamericanas de 1972, cuando hace poco le
comentó a un entrevistador que ‘las corporaciones
multinacionales tienden a acercar al mundo. A veces se las
critica por no tener bandera. Pero, bueno, si consideramos que
el nacionalismo ha sido la base de la mayor parte de los
conflictos internacionales en los últimos cien años, quizás
después de todo no sea tan malo el que no tengan
bandera". Las lógicas discrepancias totales con esa
forma de pensar, tienen mucho jugo como materia de discusión,
mereciendo tratarse por separado, y en otro momento.
Para terminar esta nota y
como una obligación moral, debe acordarse el compromiso de
hacer todo lo posible por difundir y desarmar la operación
artera de las multinacionales "sin bandera" contra
Argentina a través de Transparency International.
eoliva@fibertel.com.ar
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